Malo y Guerrero

Aug 11 , 2019

Malo y Guerrero

 

Dos lenguajes plásticos distintos; dos paletas que trazan universos diferentes; dos formas de entender y reconfigurar la realidad quedan de manifiesto, ante la mirada gratamente sorprendida, en la exposición de casi medio centenar de obras de José Luis Malo e Ignacio Guerrero en la galería Vértice. Planeada desde la amistad entre ambos autores y con el deseo de mostrar su trabajo en forma conjunta, la exposición les ha permitido mostrar los personajes y escenarios que se proyectan desde el fondo de sus intuiciones. Cada obra es un signo del lenguaje pictórico que construyen estos estupendos autores. Cada cuadro se convierte en una ventana abierta hacia los mundos que, a través de años de trabajo, han ido delineando ambos artistas con los destellos que surgen de su propio interior. José Luis Malo es uno de los pintores más destacados de su generación. Egresado de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Guadalajara, se ha convertido en  dueño de un estilo inconfundible y de una técnica depurada. Ha montado numerosas exposiciones y merecido importantes reconocimientos. Sobre su obra escriben estudiosos y autores como Guillermo Ramírez Godoy, Gabriel Martín y Arturo Camacho. Para Camacho, por ejemplo, el discurso pictórico de Malo “asimila lo mejor de la pintura mexicana realista del siglo XX; en algunos cuadros se percibe la fuerza expresiva de los personajes de Rafael Coronel o el dramatismo de Francisco Goitia, hay también un gusto asumido por la pintura académica del Siglo XIX”. El hilo conductor de su obra, considera, es “el estado líquido de las emociones y la soledad pétrea del hombre contemporáneo”, La fuerza expresiva que aparece en la configuración de sus personajes está vinculada al movimiento del trazo y brinda a Malo una de sus características distintivas; el rostro de una laceración vinculada a la periferia de “lo social”, donde se asume con resignado silencio. Muy diferente en el manejo del tono y en los principios técnicos, Ignacio Guerrero, también tapatío, es autodidacta. Un autodidacta que ha expuesto en forma individual o colectiva en más de 150 muestras y que ha ido conquistando, a partir de una raíz de regionalismo lúdico, la sobriedad y la profundidad de sus personajes y universos. Los seres que moran en su mundo (caballos, pájaros, peces, personas…) muestran la inconsciencia inocente de los habitantes de los paraísos. Finos, juguetones a veces, orgullosos de su propia persistencia, permiten entender que la vida es también un espacio de luz y de elegancia, donde podemos elevarnos como un sueño. Se trata de una atmósfera, quizá, ligada al surrealismo; pero, a un surrealismo que enraíza en lo mexicano y alza su fronda hacia lo universal. “La obra pictórica de Ignacio Guerrero, dice Arturo Villaseñor, es sorprendente por el rigor de su belleza”. La muestra está en galería Vértice Bruna en Lerdo de Tejada 2418. 

 

 

Tomado de: https://www.milenio.com/opinion/jorge-souza-jauffred/la-feria/malo-y-guerrero